Madrid abre paso al rebaño
Madrid se prepara para escuchar de nuevo el tintineo de los cencerros donde normalmente mandan los motores. El 25 de octubre, la Fiesta de la Trashumancia devolverá los rebaños al corazón de la capital y convertirá sus calles en una antigua vía ganadera. La trashumancia será mucho más que una estampa curiosa: un viaje por la memoria rural, el territorio y una forma de entender la relación entre animales, paisaje y alimentación. Para poner en contexto esa memoria rural, puede resultar sugerente acercarse a la historia de Pastoris y la trashumancia.
La cita recupera un gesto cargado de historia. En 1418, una concordia entre los representantes de la Mesta y el Concejo de la Villa establecía un pago de 50 maravedís por cada millar de cabezas para permitir el paso de ovejas y cabras por Madrid y su tierra. Este año, esa tradición volverá a representarse mediante una entrega simbólica de las monedas a los representantes municipales.
La escena conecta la Madrid de las grandes avenidas con la ciudad que durante siglos fue territorio de paso para pastores. La calle de Alcalá, hoy asociada al pulso urbano, formó parte de la Cañada Real Galiana. En la plaza de la Independencia todavía sobreviven mojones de piedra que recuerdan aquel pasado ganadero. En esa misma mirada de territorio y recorrido encaja una ruta de viaje de Gastronotur, donde caminar también significa descubrir paisajes, pueblos e historias.
De los pastos a las calles de la capital
La celebración madrileña nació en 1994 por iniciativa de la Asociación Trashumancia y Naturaleza, junto al Ayuntamiento de Madrid, con una reivindicación concreta: proteger las vías pecuarias y garantizar su conservación como bienes de dominio público. La reclamación desembocó en la aprobación de una nueva Ley de Vías Pecuarias en marzo de 1995.
Desde entonces, el desfile acerca al público urbano una actividad rural. El contraste es poderoso: el sonido de los cencerros, el movimiento compacto de los animales y el paso pausado de los pastores frente a fachadas, tráfico y plazas reconocibles.
En 2025, más de 1.100 ovejas merinas y 200 cabras recorrieron el centro hasta Cibeles. Para 2026, el recorrido todavía está pendiente de confirmación, aunque está previsto que la comitiva parta de Puente del Rey y avance por el paseo Virgen del Puerto, la Catedral de la Almudena, la calle Mayor, la Puerta del Sol y Alcalá hasta la plaza de Cibeles.
Una tradición que también habla de alimentos
La trashumancia no se limita al desplazamiento estacional de los animales. A su alrededor se ha construido un patrimonio de conocimientos ganaderos, gastronomía, artesanía y arquitectura pastoril. Los caminos utilizados durante siglos conectaban los pastos de verano con los de invierno y favorecían una cultura material ligada al campo y a sus productos.
La red española de vías pecuarias suma unos 125.000 kilómetros. En la Comunidad de Madrid alcanza los 4.104 kilómetros y ocupa más de 13.000 hectáreas. Ese entramado dibuja una España recorrida durante generaciones por rebaños y pastores, mucho antes de que el asfalto cambiara las distancias.
Por eso, mirar a las ovejas atravesando Madrid también significa mirar hacia el origen de muchos paisajes rurales y hacia una manera de producir alimentos vinculada al territorio. La ganadería extensiva forma parte de ese paisaje vivo y de una cultura que se transmite mediante prácticas, saberes y recorridos.
Pastores, pastizales y futuro rural
La edición de 2026 adquiere además un significado especial porque coincide con el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores. La celebración pone el foco en una actividad vinculada a la biodiversidad, el control de incendios y el mantenimiento de población rural.
La continuidad del oficio afronta dificultades. La falta de relevo generacional, la escasez de mano de obra y la dureza del trabajo hacen más frágil una práctica que durante siglos fue parte esencial del territorio. En Madrid, los grandes desplazamientos son hoy residuales, aunque se mantienen movimientos más cortos de ganado, especialmente en la Sierra de Guadarrama y la Sierra Norte.
La Comunidad de Madrid inició además en marzo el expediente para declarar la trashumancia Bien de Interés Cultural, en la categoría de Patrimonio Inmaterial. La iniciativa busca proteger una práctica que va mucho más allá de la imagen de un rebaño entre edificios.
Un paseo para mirar Madrid con otros ojos
La Casa de Campo también será escenario de actividades entre el 16 y el 25 de octubre, con propuestas gratuitas como el paseo familiar “Pastores por un día”, encuentros sobre pastizales y ganadería y una exposición dedicada al patrimonio cultural de la trashumancia.
El 25 de octubre, Madrid volverá a hacer sitio a los animales y a quienes mantienen vivo este oficio. Será una oportunidad para escuchar los cencerros y contemplar cómo una antigua ruta ganadera reaparece entre piedra, cristal y asfalto.
La imagen más poderosa de la jornada será un rebaño avanzando por la capital mientras el paisaje rural recupera su lugar en la memoria colectiva. Y también una invitación a comprender que detrás de cada camino, cada pasto y cada tradición hay una historia de territorio que merece recorrerse.



