Huele a cordero especiado, a castaña tostada, a miel templada sobre queso de cabra. Este fin de semana, Valencia de Alcántara se deja recorrer con el paladar: siete pinchos medievales, uno por cada villa finalista del XVIII Concurso Internacional de Pinchos y Tapas Medievales, esperan en las barras de esta localidad cacereña que mira de reojo a Portugal.
El plan tiene hora y precio. Sábado 24 y domingo 25 de octubre, de 13.00 a 15.30 horas. Dos euros y medio por bocado. Llegan desde Almazán, Estella-Lizarra, Hondarribia, Laguardia, Marvão, Sigüenza y la propia villa anfitriona, y cada uno cuenta la Edad Media a su manera.

Cartel General del XVIII Concurso de Pinchos y Tapas Medievales en Valencia de Alcantara
La idea es de la Red de Ciudades y Villas Medievales, que suma así otra parada a la ruta por las villas medievales de España y anima a combinar tapeo y paseo. Entre bocado y bocado asoman portadas góticas, una sinagoga que guarda la huella judía medieval, una iglesia monumental y un castillo asomado a la raya. ¿Prisa? Ninguna. La ruta se reparte sin problema entre las dos jornadas.
Primeras paradas: parques, salinas y una porra con trampa
Sigüenza, en el Bar La Palmera
Conviene arrancar cerca del Parque de España. Allí, en el Bar La Palmera, Rubén Urbano defiende los colores de Sigüenza con 'Evolución', un pincho donde el cordero se encuentra con almendras, garbanzos, berenjena, granada e higos. Dulce, terroso, con ese crujido ácido de la granada que despierta la boca. El cocinero lo tiene claro: las culturas medievales no se relevaron unas a otras, crecieron juntas. Y eso es exactamente lo que sabe su tapa.
Laguardia y la trucha que sabe a salina
Unos pasos más allá, junto al Parque de San Pedro de Alcántara, La Taberna de Pedro sirve la propuesta alavesa de Alberto Marín: 'Trucha sobre regañá de trigo antiguo'. La trucha llega curada con sal de Añana; la base, crujiente, nace de una variedad tradicional de trigo recuperada para la ocasión. Un bocado limpio, mineral, que reivindica la despensa histórica de Álava. Quien siga de cerca el talento gastronómico extremeño encontrará aquí un contrapunto norteño delicioso.
Almazán: ¡Qué Porras!
Ya en el centro, Casa Artesanos guarda una pequeña sorpresa. María Rello, representante de Almazán, presenta '¡Qué Porras!', que parece una porra de toda la vida. Parece. Dentro esconde una mousse de costilla asada con mostaza, miel y naranja, rematada con gelatina de naranja sanguina. En el concurso local de su villa, el Bar Las Piscinas despachó más de 600 unidades. No fue casualidad: hubo muchas pruebas hasta dar, en palabras de la cocinera, con el equilibrio que buscaban.
El Barrio Gótico, piedra que habla
Toca bajar el ritmo. Alrededor de la Plaza de la Constitución, donde se alza el Ayuntamiento, empieza el gran tesoro de la villa: su Barrio Gótico, Bien de Interés Cultural desde 1997. Diecinueve calles. Unas 266 portadas históricas, muchas rematadas en arco ojival. Pasear por aquí con la luz de octubre resbalando sobre el granito es entender de golpe el peso que tuvo esta localidad en tiempos medievales.
Entre esas callejuelas aparece la antigua sinagoga, convertida hoy en Centro de Identidad de la Cultura Sefardí. Memoria judía en piedra, testigo de siglos de intercambio.
Hondarribia trae el Cantábrico
En La Peña Café & Tapas, Adur Arrieta firma 'Entre redes y trigales'. Atún rojo y un risotto de trigo sarraceno con hongos: el mar guipuzcoano y la tierra, cara a cara en un mismo bocado, cremoso y profundo.
El campeón juega fuera de casa
El Restaurante El Clavo recibe a Iban Garin, de Estella-Lizarra, que llega con el título internacional vigente bajo el brazo. Su 'Zalatambor' mezcla txantxigorri, berenjena ahumada, cerdo, miel y especias. Humo, grasa noble, un fondo dulce. Detrás hay memoria familiar: la matanza en la casa del pueblo y aquellas tortas de txantxigorri que su abuela le enseñó a preparar.
Rumbo al castillo, rumbo a la frontera
Con el estómago contento, el paseo sube hacia la iglesia de Nuestra Señora de Rocamador, uno de los monumentos señeros de la localidad, y hacia el castillo-fortaleza, que explica mejor que cualquier libro el carácter fronterizo de una población que vive puerta con puerta con Portugal.
Marvão y su bosque de otoño
De vuelta a La Taberna de Pedro, que según el tríptico ejerce también de anfitriona de Marvão, Fátima Marques sirve 'Bosque de Outono'. Castañas y setas, el otoño de la Serra de São Mamede en miniatura. La cocinera portuguesa buscó productos que hablaran de su tierra y de su paisaje. Lo consigue.
La casa juega en Las Casiñas
Cierra el recorrido Las Casiñas, donde El Duendi Hampón presenta 'Breva de Tronos', la tapa con la que Alejandro Doval defiende a Valencia de Alcántara. Breva, queso de cabra, embutido picante, higo, almendra y miel. Dulce y picante, campo puro.
La gran final, y lo que viene después
El momento de la verdad llega el sábado 24 a las 17.00 horas en la Casa de la Cultura, donde los siete finalistas se medirán ante el jurado. Pero el concurso vive, sobre todo, en la calle.
Y si el cuerpo pide más, el municipio guarda otro as: sus conjuntos dolménicos, joya natural y arqueológica de la comarca. Siete villas medievales en un solo pueblo, a 2,50 euros el bocado. Pocas excusas quedan para no hacer la maleta.



