Café Central Málaga Ph Web
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Café Central de Málaga: la saga que conquista el Aeropress

  • Nacho Prado, nieto del inventor de los cafés malagueños, campeón de España de Aeropress, rumbo al Mundial de México

 

 

Hay un olor que en Málaga se reconoce con los ojos cerrados. Grano recién tostado, azúcar que se deshace en la taza, un murmullo de tertulia de fondo. En ese aroma vive desde hace más de cien años el Café Central de Málaga, y este otoño ese mismo perfume ha subido a lo más alto de un podio. Nacho Prado, nieto del hombre que enseñó a toda una ciudad a pedir café, acaba de proclamarse campeón de España de Aeropress. Su hijo, que lleva su mismo nombre, ya se había colgado antes el título andaluz.

¿Próxima parada? México. Allí, en diciembre, se disputa el World AeroPress Championship.

Que una familia malagueña llegue tan lejos con una taza en la mano no sorprende a quien conoce la ciudad. Aquí el café es casi un idioma, y hasta la moda lo lleva en el ADN, como demuestra una marca malagueña de café que convirtió los volantes de flamenca en banderauna marca malagueña de café que convirtió los volantes de flamenca en bandera.

Del Café Central de Málaga al Mundial de Aeropress

La noticia tiene algo de círculo que se cierra. El abuelo inventó una forma de servir el café que hoy repite cualquier barra de la provincia. Nieto y bisnieto compiten ahora en la liga del café de especialidad, donde grano, agua y tiempo se miden con reloj de joyero. Andalucía vive un otoño goloso, con citas como el Festival del Queso de Córdoba, pero en Málaga el aroma que manda es otro.
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Para entender el triunfo hay que volver atrás. Bastante atrás.

Fundador Cafe Central Málaga José Prado Ph web

José Prado fundador de Café Central Málaga Ph Web

Tres cafés centenarios bajo un mismo techo

Nadie sabe el día exacto en que abrió el Central. Sí existe un papel de 1920 que anuncia una actuación artística en sus salones. Suficiente: más de cien velas sopladas y ganas, sin pudor, de cumplir otro siglo.

El Suizo, el Múnich y un bar estrecho con salón al fondo

El Central que conocen los malagueños nació de coser tres cafés con solera. En la esquina de la Plaza de la Constitución con calle Santa María estaba el Suizo, diminuto. En el recoleto Pasaje de Chinitas se levantaba el Múnich, donde hoy está la bodeguilla de la casa. Allí, como en aquel café que inspiró a García Lorca, se hablaba de flamenco y de toros hasta tarde. Y entre los dos, apretado, el Central original: un bar largo y estrecho con un salón al final.

Quien los reunió fue José Prado Crespo. Volvió a Málaga tras la guerra, condujo un taxi durante un tiempo y hacia 1940 se metió de lleno en la hostelería, con negocios como el Bar La Viña o La Viña Chica. Fue alquilando los tres locales y comprándolos poco a poco. En 1954 los juntó bajo el nombre del que mejor funcionaba. Así se quedó: Café Central.

La ocurrencia que cambió la forma de pedir café

Era la posguerra. El café escaseaba y costaba caro. Tras la barra, Don José veía cómo se tiraba producto una y otra vez: uno lo quería más cargado, otro con más leche. Un derroche que a un hombre práctico le quitaba el sueño.

Su remedio fue ordenar los gustos. Se propuso hacer un cartel con cada forma de tomarlo que observaba a diario, desde el solo hasta la nube.

Nueve nombres y un hueco en el cartel

Le salieron nueve. Y nueve no cuadraban en dos filas.

Preguntó a clientes y conocidos. La respuesta llegó de uno de sus empleados, un gitano con una gracia fuera de serie: «Don José, ¿menos que una nube? Pues para eso no se lo ponga». Al dueño, hombre de carácter alegre, le encantó. El chiste entró en el mosaico y, con él, la décima manera de pedir café en Málaga.

Rafael Prado Café Central Málaga

Rafael Prado Café Central Málaga Ph web

De la copla a los cruceros

Muchos mayores todavía recuerdan que el Central solo cerraba una hora de madrugada, lo justo para fregar, y volvía a levantar la persiana. Eran años de copla, música en directo y tertulias eternas. La historia del café y la de la ciudad caminaban juntas.

Después llegaron la democracia y el turismo. Más tarde, la nueva calle Larios, el Museo Picasso, el Carmen Thyssen, los cruceros. El centro cambió de piel, y la carta tuvo que cambiar con él, sin traicionar una tradición centenaria.

Tres generaciones con el grano en la mano

Hoy llevan la casa Rafael Prado Salas, hijo del fundador, y su hijo, Ignacio Prado Fernández-Baca. Rafael adaptó la carta a un público internacional que quiere vivir Málaga y sus costumbres. De su padre heredó el gusto por el arte, la música, la tertulia y aquella risa fácil.

Colombia, Etiopía y Guatemala en la tostadora

La tercera generación ha dado el salto que faltaba: tostar su propio café. Ignacio dirige un proyecto con granos de Colombia, Etiopía y Guatemala. Se sirven en sus cafeterías del Centro y de la Malagueta y también llegan a la puerta de casa del cliente. Ese tueste paciente es el que hoy brilla en competición.

Cómo vivirlo en Málaga

El plan se escribe solo. Una mesa en la terraza soleada de la Plaza de la Constitución, en pleno casco histórico. O, si refresca, el salón cubierto de fotografías antiguas, presidido por el mosaico original de las diez maneras de tomar café. El tueste artesano se saborea en mesa o se lleva para el paseo.

Pida usted un solo, una nube o, si se atreve, un «no me lo ponga». Y mientras el aroma sube de la taza, piense que esa misma tradición viaja en diciembre a México con ganas de volver campeona.