Marisco Gallego. Xunta Galicia.
Marisco Gallego. Xunta Galicia.
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Marisco gallego bajo presión: la alerta que sacude las rías

  • Las lluvias y la baja salinidad dañan los bancos de bivalvos y obligan a acelerar la recuperación de las rías gallegas.

¿Qué ocurre cuando una ría deja de ofrecer con regularidad aquello que durante generaciones parecía inagotable? En Galicia, la pregunta ya no pertenece solo al futuro. Los episodios de lluvias intensas y baja salinidad registrados a comienzos de 2026 provocaron una elevada mortandad de bivalvos y obligaron a activar un plan extraordinario para recuperar los bancos marisqueros.

Una crisis que empieza en el agua

El marisco gallego depende de un delicado equilibrio. Almejas, berberechos y otras especies viven en ecosistemas donde la salinidad, el sustrato, la temperatura y la calidad del agua condicionan su supervivencia. Cuando ese equilibrio se altera de forma brusca, el daño puede trasladarse desde el fondo de la ría hasta la lonja y, finalmente, a la mesa.

Marisqueo barco Xunta Galicia

Marisqueo barco Xunta Galicia

La Xunta de Galicia atribuyó la mortandad registrada a comienzos de año a los episodios de baja salinidad provocados por los temporales. Tras realizar muestreos extraordinarios en las zonas más afectadas, puso en marcha un plan de recuperación dotado con 22,7 millones de euros para restaurar hábitats y zonas de producción y ayudar al sector durante la recuperación.

En marzo, la Consellería do Mar explicó que 19,2 millones se destinarían a convenios directos con cofradías y entidades gestoras. Otros 1,5 millones se reservaron para repoblación de especies y 2 millones para proyectos de restauración de la biodiversidad marina.

El marisco no empieza en el plato: empieza en el equilibrio de una ría.

Para entender cómo el paisaje marítimo puede convertirse también en experiencia gastronómica, resulta revelador Puerto Sotogrande, un delicioso mapa de 21 sabores al mar, publicado en 30 Días.

Cuando la lluvia cambia la ría

La sucesión de precipitaciones fue determinante. La Consellería inició en marzo una campaña extraordinaria de muestreos para conocer con precisión el estado de los bancos y evaluar el efecto de las lluvias y la consiguiente bajada de salinidad.

Ese trabajo explica por qué la respuesta se ha trasladado directamente a playas y bancos marisqueros. En Vilanova de Arousa, por ejemplo, la Xunta activó un proyecto de 483.597,63 euros para restaurar seis grandes bancos, corregir la pérdida de sustrato y sembrar almeja. El plan contempla tareas de cuidado y vigilancia realizadas por mariscadoras a pie, con una protección económica de hasta 700 euros mensuales para quienes participan en ellas.

Para el lector gastronómico, la traducción es sencilla: antes de que una almeja llegue a una cocina, alguien tiene que conseguir que vuelva a crecer en el lugar donde siempre estuvo.

Restaurar para volver a producir

Recuperar el fondo, recuperar el oficio

La recuperación se despliega en distintos puntos del litoral. En la ría de Ferrol, la Xunta formalizó en junio un convenio de más de 1,3 millones de euros con la cofradía de Barallobre para actuar sobre 468.000 metros cuadrados de bancos. El proyecto incluye siete millones de unidades de almeja babosa y nuevas siembras de almeja fina.

En la ensenada de San Simón, otros dos convenios suman más de 723.000 euros y contemplan la regeneración de más de una docena de bancos, el control de depredadores y la siembra de más de 4,8 millones de almejas. Las actuaciones buscan proteger también el empleo de 95 mariscadoras.

La fotografía es más compleja que la de un sector simplemente golpeado. Hay pérdida, pero también trabajo de recuperación, investigación y planificación.

En esa misma relación entre producto marino, territorio y cocina se sitúa El Atlántico se sirve en El Puerto de Santa María, Toro Tapas y su Raw Bar, una propuesta publicada por Gastronotur.

Ciencia para entender qué sobrevivirá

Biorem: buscar respuestas en el propio ecosistema

Una de las líneas de investigación es el proyecto Biorem, impulsado con el Centro Tecnológico del Clúster de la Acuicultura y dotado por la Xunta con cerca de 700.000 euros. Su objetivo es estudiar la supervivencia de la almeja japónica y el berberecho ante episodios de baja salinidad y buscar soluciones que mejoren las condiciones del sustrato.

La Consellería señala además otros factores de presión, como cambio climático, contaminación, sobrepesca y especies invasoras. Por eso resulta importante conocer qué ocurre en cada ría y adaptar las respuestas.

La gastronomía también mira hacia la ría

El problema no es exclusivamente pesquero. El marisco gallego forma parte de la identidad culinaria de Galicia y de la experiencia que muchos visitantes buscan cuando llegan a sus costas.

En Galicia, esa conexión es especialmente profunda: el producto está ligado al trabajo de las cofradías, a los arenales y a una cultura gastronómica construida alrededor de la temporalidad y el origen.

Por eso, recuperar los bancos marisqueros no debería entenderse únicamente como una operación económica. También es una forma de proteger una parte del patrimonio alimentario.

Un futuro que dependerá de las rías

La gran incógnita es cuánto tiempo necesitarán los bancos para recuperar su productividad y hasta qué punto nuevos episodios ambientales pueden alterar ese proceso. La Xunta ha optado por combinar ayudas, restauración, repoblación, seguimiento científico y participación directa del sector.

Los resultados no serán inmediatos: un banco marisquero necesita tiempo para regenerarse.

Mientras tanto, cada almeja que vuelva a crecer en una ría será algo más que un dato productivo. Será una pequeña señal de recuperación.

Porque cuando hablamos de marisco gallego hablamos también de paisaje, oficio, memoria y sabor. Y quizá esa sea la verdadera lección de este año difícil: cuidar una ría no consiste solamente en proteger un recurso. Consiste en conservar todo lo que ese recurso representa cuando, finalmente, llega a la mesa.