¿Que plato representa mejor a España cuando se apagan los focos y habla la mesa? La respuesta acaba de cambiar, y lo ha hecho por un margen tan estrecho como sabroso. La tortilla de patatas se coloca por primera vez por delante de la paella en el último estudio del CIS sobre turismo y gastronomía.
La tortilla de patatas conquista el primer puesto
La tortilla de patatas obtiene el 62,7% de las menciones como plato “más típico y representativo” de la gastronomía española, frente al 61,1% de la paella. El jamón ibérico queda en tercer lugar, con un 42,7%. Son apenas 1,6 puntos de diferencia, pero suficientes para convertir una vieja discusión de sobremesa en un pequeño retrato sociológico del país.
Y conviene mirar el dato con perspectiva. En 2025, la paella todavía lideraba esta clasificación con un 63,4%, seguida de la tortilla, con un 58,3%. Un año después, el orden se invierte. El cambio no significa que la paella haya perdido su condición de icono: significa que la tortilla ha ganado terreno en el imaginario colectivo.
El CIS ha construido esta fotografía a partir de 6.029 entrevistas realizadas entre el 13 y el 21 de julio. El estudio confirma, además, que la gastronomía ocupa un lugar mucho más profundo que el simple acto de comer: el 88,9% destaca el placer de la degustación y el 88,7% las relaciones sociales que genera. La mesa, en España, sigue siendo territorio de conversación, encuentro y memoria.
Cebolla sí, pero el debate continúa
Si la tortilla gana la batalla principal, todavía queda una guerra doméstica que parece no tener armisticio: ¿con cebolla o sin cebolla?
La respuesta del CIS es contundente. El 71,2% prefiere la tortilla con cebolla, mientras que el 22% se declara partidario de eliminarla. También hay una mayoría para el punto de cocción: el 56,3% la quiere poco hecha, frente al 27,2% que apuesta por una tortilla muy hecha.
Son cifras que parecen hablar de cocina, pero también hablan de identidad. La tortilla no necesita ingredientes exóticos ni una puesta en escena sofisticada para despertar pasiones. Basta una sartén, patatas, huevos, aceite, tiempo y esa discusión inevitable que comienza mucho antes del primer bocado.
“La tortilla de patatas no solo se come: también se discute, se recuerda y se defiende.”
Y quizá ahí reside buena parte de su fuerza. La paella representa una España abierta al paisaje mediterráneo, al arroz y a la celebración colectiva. La tortilla, en cambio, tiene algo doméstico y transversal. Cabe en un bar de barrio, en una comida familiar, en una estación de tren o en la barra de un restaurante de carretera. Es humilde en apariencia y enorme en capacidad de reunirnos.
Un mapa gastronómico que cambia
El estudio también permite mirar más allá del podio nacional. Cada comunidad conserva sus propios símbolos culinarios y demuestra que España no tiene una única gastronomía, sino muchas cocinas que dialogan entre sí. Esa diversidad ayuda a entender por qué la tortilla puede ganar una clasificación nacional sin borrar la personalidad de los platos regionales.
El resultado tiene además una lectura turística. Comer forma parte de la experiencia de viajar, y el CIS revela hasta qué punto. Durante las vacaciones, el 74,9% de los encuestados come o cena fuera al menos dos veces por semana. El 28,1% lo hace entre dos y tres veces, el 25,5% más de tres y el 21,3% asegura acudir a restaurantes todos los días.
Viajar también es sentarse a la mesa
Hay un detalle especialmente revelador: el estudio sitúa el gasto habitual por persona en restaurantes entre 15 y 30 euros para el 48,8% de los encuestados, mientras que un 29% gasta entre 31 y 50 euros. No estamos, por tanto, ante una afición marginal. La gastronomía forma parte del presupuesto, del itinerario y de los recuerdos que construimos durante un viaje.
Por eso esta victoria de la tortilla de patatas tiene una lectura que va más allá del titular fácil. No estamos simplemente ante un plato que adelanta a otro. Estamos ante una instantánea de cómo los españoles entienden su propia cultura gastronómica: desde la tradición, pero también desde el placer, la conversación y el viaje.
La diferencia entre tortilla y paella es mínima. Y eso es precisamente lo interesante. España no ha dejado de amar la paella; simplemente ha colocado durante un instante a la tortilla en el centro de la mesa. Una tortilla con cebolla y poco hecha, según la mayoría. Una elección que, como casi todo lo importante en gastronomía, seguirá provocando discusiones.
Porque quizá la verdadera noticia no sea quién gana. Quizá sea que seguimos teniendo ganas de discutir por algo tan hermoso como la comida. Y mientras haya una tortilla recién hecha en el centro de la mesa, España tendrá una historia que contar.



