En el corazón de Madrid, el codillo se ha convertido en el gran protagonista de una experiencia gastronómica que invita a viajar con el paladar. El Restaurante Krüger, ubicado en la calle Princesa, ha situado esta pieza emblemática de la cocina centroeuropea en el centro de su propuesta. Con carnes artesanales llegadas directamente desde Alemania, el establecimiento ofrece a madrileños y visitantes una inmersión sensorial en los sabores tradicionales de ese país.
El local ha orientado su carta hacia las recetas clásicas germanas. El codillo ocupa un lugar de honor, pensado para quienes buscan algo distinto a los circuitos mediterráneos habituales del centro de la capital. La pieza se prepara de tres formas principales: asado, cocido y asado a la cerveza. Cada método aporta texturas y matices diferentes, permitiendo que cada comensal encuentre su versión preferida.
Tres formas de disfrutar el codillo
El asado entrega una corteza dorada y un interior jugoso que se deshace con facilidad. El cocido realza la suavidad de la carne y concentra su sabor más puro. El asado a la cerveza añade una capa de profundidad aromática, donde el cereal y el ligero amargor de la bebida se funden con el jugo de la pieza. Estas elaboraciones se presentan en formatos generosos de 1.400 y 800 gramos, pensados para adaptarse tanto a comidas en grupo como a mesas más íntimas.
La experiencia no termina en la carne. El codillo llega acompañado de puré de patata y chucrut elaborados de manera casera en el propio restaurante. El puré aporta una cremosidad sedosa que envuelve cada bocado. El chucrut, con su acidez fresca y su textura crujiente, corta la intensidad de la carne y equilibra el conjunto. Es una combinación que despierta los sentidos: el aroma ahumado de la pieza, el contraste térmico entre lo caliente y lo fresco, y la sucesión de texturas que invita a seguir comiendo.
Cervezas alemanas y el entorno perfecto
Para completar el recorrido, el Restaurante Krüger ofrece una selección de cervezas alemanas que incluye variedades de barril, de trigo, tostadas y de mayor cuerpo. Cada una dialoga de forma distinta con el codillo. Las de trigo refrescan, las tostadas aportan notas de caramelo y las de más cuerpo acompañan la riqueza de la carne sin opacarla. El resultado es una mesa que invita a quedarse, a conversar y a saborear sin prisa.
La relevancia de esta propuesta ha trascendido las paredes del local. Telemadrid, en una guía dedicada a establecimientos alemanes en Madrid, destacó tanto la ubicación como la presencia de platos como el goulash, los schnitzel y las distintas variedades de codillo. El restaurante también participó en el programa “Madrid Directo”, donde mostró sus especialidades durante la celebración del Oktoberfest. Estos espacios han acercado la cocina del Krüger a un público más amplio y han reforzado su condición de referencia.
Un enclave estratégico en el centro de Madrid
El emplazamiento del restaurante facilita esa cercanía. Se encuentra en el número 5 de la calle Princesa, en el pasadizo que conduce hacia Martín de los Heros. A pocos pasos de la Plaza de España y de la Plaza de los Cubos, el local se sitúa en un entorno de alta actividad cultural y comercial. Quienes transitan por la Gran Vía o se acercan al Templo de Debod pueden descubrir aquí una propuesta distinta, alejada de los sabores más convencionales de la zona.
Más allá del codillo, la carta mantiene una oferta estable de especialidades alemanas. Salchichas, Wiener Schnitzel, pretzels y otros platos tradicionales completan el menú. Esta continuidad permite atraer tanto a clientes habituales como a turistas internacionales que buscan una experiencia auténtica en el centro de Madrid. El Restaurante Krüger se consolida así como un punto de encuentro para quienes desean explorar la gastronomía germana sin salir de la capital.
La propuesta del codillo responde a una idea clara: ofrecer calidad, variedad y equilibrio. Las carnes artesanales importadas desde Alemania garantizan el punto de partida. Las tres técnicas de cocción multiplican las posibilidades. Los acompañamientos caseros y la selección de cervezas cierran el círculo con coherencia. El resultado es un plato que se disfruta con los cinco sentidos y que deja un recuerdo duradero.
Para quienes aún no han probado esta versión madrileña del clásico centroeuropeo, la invitación está abierta. Basta con acercarse a la calle Princesa, dejarse llevar por el aroma que sale de la cocina y descubrir por qué el codillo se ha convertido en el gran reclamo del Restaurante Krüger. Una experiencia que combina tradición, generosidad y el placer de comer bien en el corazón de Madrid.



