Cuando el queso se convierte en arte y el vino en cómplice
Hay presentaciones que se escuchan y otras que, sencillamente, se saborean. La de hoy pertenece a esta segunda estirpe. En el marco del lanzamiento de Revista Mujer y Poder Magazine, Quesos Plazuelo desplegó un universo de aromas, texturas y matices que convirtió el queso artesano en el gran protagonista de la jornada, un homenaje comestible a la tierra, a la paciencia y al buen hacer cordobés.
Al frente de la propuesta, Ángela Plazuelo, alma de la marca, invitó a los asistentes a un recorrido sensorial por algunas de sus piezas más emblemáticas. Entre ellas brillaron con luz propia el Queso Curado de Leche Cruda, elaborado con la receta ancestral de Los Pedroches, y el sugerente Queso Curado de Bellota Al-Ballut, un bocado que resume el carácter profundo de la dehesa.
El maridaje perfecto: Bodegas Robles pone el acento
Ningún gran queso viaja solo, y en esta ocasión los tesoros de Plazuelo encontraron una compañía a su altura. Los caldos de la cordobesa Bodegas Robles —finos de Montilla, vinos espumosos y vermuts de carácter— escoltaron cada corte con elegancia, tejiendo diálogos deliciosos entre la untuosidad del lácteo y la frescura del vino.
El resultado fue una liturgia de contrastes: un fino seco y punzante que despertaba los matices salinos del curado de oveja, la burbuja festiva del espumoso limpiando el paladar entre bocado y bocado, y el vermut, goloso y especiado, abrazando la intensidad del azul. Un pequeño concierto de sabores donde queso y copa se pasaban el testigo sin perder el compás.

Un legado que huele a cocina de abuela
"Cuando el queso se convierte en arte", resumió Ángela, y la frase no era mera retórica. La historia de Plazuelo comienza en el fogón de la abuela paterna, que elaboraba quesos de forma artesanal en casa, siguiendo saberes transmitidos de boca en boca y de mano en mano.
Ese gesto humilde, repetido durante generaciones, prendió la chispa. Hace más de tres décadas, aquel legado familiar se transformó en una empresa comprometida con la excelencia, la autenticidad y el respeto por un oficio que se cuece a fuego lento. Hoy, la casa mantiene viva esa herencia entrelazando métodos tradicionales con recetas nuevas que aportan personalidad y distinción a cada pieza.
La dehesa como despensa y como inspiración
Detrás de cada corteza late un ecosistema. La dehesa de Plazuelo, cuidada con mimo y responsabilidad, es mucho más que un paisaje: es el punto de partida de todo. Allí conviven el bienestar animal, la tradición y el equilibrio con el entorno, una tríada que se traduce, ya en el plato, en sabores de una hondura difícil de olvidar.
La filosofía es tan clara como su etiqueta: leche fresca de proximidad, kilómetro cero y tiempos de maduración que nadie se atreve a acelerar. Sin conservantes ni aditivos, sin colorantes que disfracen. Solo ingredientes naturales, experiencia quesera y esa virtud tan escasa hoy que es la paciencia. El resultado, cien por cien natural y cien por cien auténtico, se paladea sin prisa.
Quesos que enamoran a los sentidos
El catálogo de la casa es un pequeño atlas del gusto. En la familia de vaca, seducen el fresco, el semicurado y propuestas de autor como el Finozuelo, refinado con vino fino D.O.P. Montilla-Moriles, o el Ahumazuelo, joven y ahumado con encina y cáscaras de bellota, que deja en boca un rastro cálido a campo tostado.
Los quesos de cabra despliegan versatilidad y frescura: desde el delicado rulo Lactikus hasta el atrevido semicurado con chocolate, pasando por el sorprendente Plazul, un azul de carácter goloso. Y la oveja aporta la nobleza de siempre, con el curado de leche cruda, el intenso curado con trufa negra o el sedoso Cremozuelo Pedroches, un queso cremoso que se deshace como una caricia. La despensa dulce se completa con yogures de oveja, naturales y azucarados, broche perfecto para cualquier mesa.
Premios que avalan una trayectoria de excelencia
La suya no es solo una promesa de sabor: es una trayectoria reconocida. Plazuelo atesora galardones en sus recetas de cabra y oveja, entre ellos el otorgado por la Diputación de Córdoba "Córdoba en Igualdad" y el reciente premio de Sabores de Córdoba a la Innovación Empresarial.
A ello suma sellos que hablan de compromiso: Calidad Rural, el Sello de Raza Autóctona y el Sello de Turismo WEDOS. La marca forma además parte de Oleoturismo España, una apuesta firme por la tierra, la sostenibilidad y el desarrollo del turismo rural, ese que invita a viajar despacio y a descubrir el origen de lo que comemos.
Una invitación a saborear el origen
Pocas historias reúnen tantos ingredientes felices: raíces familiares, respeto por el animal, mimo por la tierra y una obsesión sana por hacer las cosas bien. Quesos Plazuelo no vende quesos; propone experiencias, pequeños viajes de bocado en bocado hasta el corazón de Los Pedroches, con la copa siempre a mano.
Así que la próxima vez que busque un placer honesto, déjese tentar. Corte una porción, sírvase un fino, cierre los ojos y compruébelo: el mejor souvenir de una tierra cabe, a veces, en un trozo de queso artesano.



